Granjas Urbanas, el camino a la libertad

Los restaurantes de comida rápida son conocidos entre otras cosas por emplear ingredientes que si bien están por regla general dentro de la regulación sanitaria no son para nada recomendables en cuanto a sus propiedades nutritivas se refiere. Grasas saturadas e hidrogenadas son el pan nuestro de cada día en este tipo de establecimientos, razón por la que en países como México o Estados Unidos, muy dependientes de estos locales por el ajetreado ritmo de vida de sus ciudadanos, los índices de obesidad en adultos y menores se hayan disparado en las últimas décadas hasta niveles ciertamente preocupantes.

Este problema es bien conocido por todos, por lo que por regla general aquellos que preferimos mantener un tipo de alimentación más saludable solemos decantarnos por cocinar en casa con ingredientes frescos comprados en la frutería, y como no podía ser otra manera controlando la preparación y disfrutando del resultado; ya luego lavar los platos es otra historia. Bueno, pues aquí también hay un problema, y es que mientras nos cuestionamos el origen de los ingredientes de los locales de comida rápida no solemos hacerlo con aquellos que manejamos en casa, dando por hecho que la deliciosa tortilla de nuestra abuela es un alimento saludable y sin aditivos alimentarios: “cocina de la abuela”.

¿De donde salen los alimentos que llegan al mercado de abastos de la ciudad? ¿Provienen de granjas o plantaciones donde se ha implementado un sistema de producción orgánica, sin aditivos alimentarios sintéticos o técnicas transgénicas? En este aspecto vivimos engañados, ya que no suele ser el caso. A raíz de los costes de producción derivados de la agricultura y ganadería ecológicas y de la actual demanda del mercado de productos baratos son contados los casos en los que lo que nos metemos a la boca es realmente natural.

Y de esto último se dio cuenta Jules Dervaes, un hombre californiano conocido por ser una de las cabezas visibles de la agricultura urbana. En un momento dado, dando de comer a sus hijos unos precocinados “mexicanos”, escuchó en televisión cómo muchos de estos productos, incluidos los que había preparado, habían sido recientemente retirados del mercado porque el etiquetado llevaba a la confusión del comprador. No indicaba que el producto había sido elaborado con maíz modificado genéticamente.

Desde aquel momento este hombre dio un cambio radical a su vida y se planteó si eso era lo que quería para los suyos. Su camino fue el de la agricultura ecológica urbana, produciendo de manera eficiente en un pequeño terreno en las afueras de Los Ángeles. A día de hoy de su plantación salen más de seis toneladas de alimentos anualmente. Casi nada.

Podéis ver el caso de Jules Dervaes en el vídeo que acompaña a este artículo. Y recordad: mirad el etiquetado de los alimentos, os evitaréis muchas sorpresas desagradables. Lo recomendable sería dar prioridad a los alimentos producidos en el ámbito local de manera ecológica, así se colabora con la economía regional, se promociona la aparición de pequeñas empresas en el campo y se evita una mayor contaminación en el transporte hasta nuestro mercado. Y claro está, evitaréis la ingesta de productos nocivos.