Le niegan la entrada por vestir como un indigente y una hora después, mira qué pasa cuando vuelve en su Ferrari

Es curioso ver cómo en la vida no sólo vale con ser una persona educada, cordial y amable, sino que además en no pocas ocasiones hay que aparentar para poder tener acceso a ciertos círculos sociales o lugares selectos. Estas situaciones tan comprometidas son lamentablemente muy frecuentes en hoteles y restaurantes de cierto nivel, tiendas de lujo o de marcas muy “prestigiosas”, clubs sociales o discotecas. Lugares donde suele ser más importante lo que tienes y aparentas a la persona que hay detrás.

Bueno, pues algo por el estilo le sucedió hace poco al famoso youtuber norteamericano Josh Paler Lin, conocido por sus publicaciones denunciando la situación social de las personas sin techo de su país y la hipocresía de la sociedad. En esta ocasión el actor ha tratado de dar a conocer este problema en las calles de su país dirigiéndose a varios restaurantes de cierto nivel (económico, que no ético).

En el video que acompaña el post podemos ver cómo primero acude a ciertos establecimientos vestido como un sin techo, con la ropa hecha unos harapos y empujando un carrito con cartones para reciclar. La respuesta de los camareros es bastante clara, directa y contundente: ahí no podía comer aún a pesar de tener el dinero para poder hacerlo. En un sitio le permitían comer pero a regañadientes y con una condición: no entrar en el establecimiento y quedarse fuera, alejado del resto de clientes. En otros casos ni siquiera le daban las cartas de lo que ofrecía el restaurante. Parece que les diera vergüenza.

Y al final viene el plato fuerte, Josh Paler reaparece una hora después en los mismos lugares con una ropa bien diferente y conduciendo un Ferrari. Tras aparcarlo frente a uno de los restaurantes donde previamente había sido rechazado le hace las mismas preguntas al camarero: si le podía dar la carta, si podía entrar a comer dentro, etc. Obviamente la respuesta fue afirmativa y cordial, cosa que molestó al actor, ya que había quedado patente cómo las apariencias engañaban mucho. Al final le comentaba al camarero por si le reconocía y si le parecía bien que momentos antes se le hubiera dado un trato completamente diferente. Es épico el momento de “tierra trágame” que vive el empleado del local, con bronca del jefe incluida.

Todo ésto me hace recordar una anécdota que me sucedió hace ya más de 10 años, cuando en las fiestas de Bilbao iba junto con un amigo en pantalón corto (era agosto) y tratamos de entrar en un casino de la ciudad para jugar unas manos de poker. Y si, digo que tratamos ya que no nos dejaron pasar de la puerta, por lo visto no llevábamos la etiqueta necesaria. Lo curioso del asunto es que sí teníamos la intención de gastar.

Y es que al final está bien al día aquel dicho de “tanto tienes, tanto vales”, y más aún en países como Estados Unidos, donde el dólar y la imagen reinan por encima de todo lo demás.