Esto es lo que pasa si introduces perros rescatados en la cárcel. Impresionante.

Una de las mayores lacras de nuestro tiempo es el trato que se les da a millones de mascotas a lo largo del mundo, quienes tras haber puesto su confianza en sus “dueños” y haberlos querido como a sus propios cachorros ven como éstos acaban aburriéndose de ellas y son abandonadas. En los mejores casos lo hacen en centros de acogida o refugios de animales, pero cuántas no habrá que no tengan esta efímera suerte y acaben vagando por carreteras hasta ser atropelladas por un vehículo o ser víctimas de desalmados de todo tipo que andan a sus anchas por ahí.

La tónica general es que las mascotas que han llegado a los refugios pasen un tiempo determinado en celdas a la espera de que alguien decida adoptarlas y darles una nueva oportunidad, pero lamentablemente en muchos de los casos el final no es tan benevolente con nuestros queridos amigos de cuatro patas…

 

Entrenando mascotas en la prisión

Ahora bien, hay países donde poco a poco se están comenzando a introducir algunas alternativas para tratar de potenciar la reinserción de estos animales, que en muchos casos llegan a los refugios con severas taras físicas o psicológicas por su tenebroso pasado. Y una de estas alternativas es la que están llevando a cabo en una prisión de Estados Unidos. Un hermoso proyecto en el que los presos se encargan de adiestrar a las mascotas para que puedan tener mayores salidas ahí fuera.

Lo que hacen en este caso es seleccionar a aquellas mascotas del refugio que menos opciones tengan para ser adoptadas o que su fecha de “ponerse a dormir” esté más próxima. Animales que suelen llevar, como os indicaba, serias taras psicológicas encima, ya que es muy frecuente que no hayan sido entrenados y que sus antiguos dueños se hayan cansado de ellos a raíz de su comportamiento, causando sobre el animal un estrés innecesario a base de gritos, golpes y demás. Pues bien, una vez seleccionados los animales en cuestión los ponen en manos de una serie de presos, quienes serán los que en el día a día los entrenen (bajo supervisión de profesionales), les den cariño y a la vez consigan que vuelvan a socializar y perder el miedo a los humanos. A cambio los presos logran una manera diferente de pasar las largas horas entre rejas, sienten que son útiles para la sociedad, reciben el cariño de las mascotas (algo mutuo) y encima reciben formación para tener una salida laboral una vez salgan de la cárcel.

Un proyecto hermoso que debería extenderse por más lugares. En el vídeo que acompaña el post podréis ver cómo se lleva a cabo esta elogiable tarea.