Este chico asistió con este aspecto a un funeral. Las razones te emocionarán

Una promesa es una promesa y ni la muerte la puede quebrar. Kevin Elliott y Barry Delaney eran inseparables amigos y, como tales, tenían secretos y charlas que guardaban en lo más profundo de sus corazones. Probablemente el resto de esas charlas no salga a la luz jamás, pero esta sí lo hizo.

Kevin Elliott murió en Agosto de 2009, víctima de una emboscada en Afganistán, su mejor amigo Barry Delaney sabía lo que tenía que hacer el día de su funeral.

Aquel día y con ropa de mujer color amarillo brillante acompañado de unas medias deportivas color fucsia, Barry llegó al funeral de su mejor amigo. Aunque la mayoría estaba al tanto de la promesa, las miradas juzgaban su vestimenta.

Pero a Barry no le importó aquello. Con lágrimas en los ojos no imaginó otra cosa más que cumplir con lo que le había prometido hacía tres años a su amigo.

En definitiva, una promesa es pacto de palabra que garantiza su cumplimiento en los tiempos y formas que ambas partes acuerden.

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En una de sus charlas Kevin le confesó a su amigo Barry que sentía miedo y “sospechaba que jamás iba a regresar de Afganistán”.

Nunca sabremos porque decidieron hacer tal juramento que sólo los buenos amigos comprende y respetan: tal vez porque las promesas contienen un tinte alocado y gracioso.

Lo cierto es que ambos acordaron que, si Kevin regresaba sin vida, Barry se vestiría de mujer con colores chillones y desentonados para su funeral.

¿Cuál habrá sido la reacción de Kevin tras la propuesta de su amigo? Seguramente rompió con una carcajada descomprimiendo ese momento de angustia que ambos sentían.

Ciertamente el objetivo de Barry se había cumplido: que su amigo fuera a la guerra dibujando una sonrisa en su rostro por la broma dicha y la promesa latente.

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Al llegar al funeral muchas fueron las miradas que, sorprendidos se posaban sobre la vestimenta de Barry. Pero a él nada de eso le importó: había cumplido con la promesa hecha a su amigo.

Después de un rato de esquivar miradas y contener la tristeza propia, Barry decidió acercarse a la tumba de su amigo. Quería preguntarle algo. Quería saber su opinión sobre su vestimenta en el funeral. Intento decir: “¿Te gusta el vestido que he escogido para tu funeral?”. Pero Elliot se derrumbó…

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Sólo Kevin y Barry podían comprender cómo terminaría aquella oración acompañada de angustia y dolor. Pero con la satisfacción y alegría que viene acompañada de una promesa hecha y cumplida por dos grandes amigos.

Esta historia nos recuerda que los amigos de verdad, aquellos que puedes contar los dedos de una sola de tus manos y que harían lo que fuera por ti, son difíciles de conseguir, y valen oro.